El restaurante del cocinero peruano está 5° en el ranking mundial. Lo tuvieron cinco horas en un interrogatorio.

Virgilio Martínez, uno de los cocineros más famosos del mundo y referente del boom de la cocina peruana, fue retenido varias horas en el aeropuerto internacional de Los Angeles por llevar 40 pirañas en su equipaje.

Martínez es propietario de Central en Lima, Perú, junto con su esposa, la también cocinera Pía León. El restaurante está considerado el 5° mejor del mundo por el influyente ranking The World’s 50 Best y el 2° de América latina. El chef dijo al diario Los Angeles Times que quería servir el pez carnívoro y de afilados dientes en dos restaurantes de Los Angeles, Somni y Vespertine, durante el festival gastronómico Food Bowl.

Martínez contó a Los Angeles Times que cuando el personal de aduana abrió las valijas y vio las pirañas congeladas y selladas al vacío, “entró en pánico”. “¿Qué hay adentro?”, le preguntaron. “Huesos y carne”, contestó el cocinero, riendo.

Pero a los oficiales de la Aduana estadounidense no le causó gracia el chiste, y lo llevaron a una sala donde más agentes se sumaron al interrogatorio. Martínez intentó explicar que llevaba las pirañas porque son un producto que se sirve en su país y que la gente “tiene preconceptos sobre las pirañas por las películas, pero nosotros las pescamos”.

Virgilio estuvo retenido cinco horas, el tiempo que duró el interrogatorio, en el que hasta les mostró fotos y libros para convencerlos. Finalmente, lo dejaron ir con sus pirañas, que esa noche utilizó para una ensalada y, la siguiente, secó las pieles de piraña y las sirvió dentro de las cabezas.

Los intercambios entre cocineros son muy comunes en este momento tan globalizado de la gastronomía, y es habitual que los chefs más reconocidos de un país viajen a otro para difundir sus platos y sus productos. Pero también es común que lleven los alimentos que van a utilizar en sus valijas, y que haya estos inconvenientes en los aeropuertos. Pero en algunos casos, el material termina incautado, como sucedió con otro también famoso chef peruano que vino a dar una cena en un prestigioso restaurante porteño y por la aduana tuvieron que cambiar el menú a último momento.