En el día de la Virgen de Luján, el Papa Francisco habló en la plaza del Vaticano. El Santo Padre pidió a los presentes que lo ayuden y que recen por Argentina.

El Papa Francisco recordó que en nuestro país se celebra el día de la Virgen de Luján. “Hoy en mi tierra natal, se celebra la solemnidad de Nuestra Señora de Luján. Recemos todos juntos por Argentina”, pidió el Santo Padre a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

De este modo, el Sumo Pontífice concluyó su encuentro semanal en la plaza vaticana. Además, el Pontífice recordó que en Italia hoy se reza “la Súplica” a la Virgen de Pompeya, advocación de Nuestra Señora del Rosario, por lo que aseguró estar “en unión espiritual con los que en ese Santuario mariano”, como en cualquier otro lugar, se reúnen para rezar con fe la Súplica a Nuestra Señora.

En 1630 no había en Luján ningún rastro de población. El lugar sólo era frecuentado por las caravanas de carretas que bajaban o subían del puerto de Buenos Aires. Un portugués dueño de una estancia, a cuarenta leguas de la ciudad, trató de erigir una modesta capilla dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen. Para esto le pidió a un amigo de Brasil que le envíe una imagen pequeña de la Virgen. Su amigo le envió dos imágenes en un bulto: una que representaba a María en su Inmaculada Concepción y que hoy se venera en el santuario de Luján y otra que tenía en sus brazos al Niño Jesús y ahora es venerada en Sumampa.

En la tarde del tercer día de trayecto hasta la ciudad, el conductor detuvo la caravana para pasar la noche. Al día siguiente, el conductor preparó los bueyes para proseguir el viaje pero éstos no se movían. Vinieron en su ayuda troperos y peones pero no tuvieron suerte.

Finalmente juzgaron que era necesario aliviar el peso de la carreta. Descargaron las imágenes y en ese momento los bueyes pudieron moverse con facilidad. Queriendo cerciorarse si el obstáculo provenía de las imágenes las pusieron nuevamente en la carreta y no se pudo mover. Entonces viendo que las imágenes se querían quedar en aquel lugar decidieron que una de ellas permaneciera en la Cañada y la entregaron al dueño de esas tierras. La fama del prodigio corrió hasta Buenos Aires y no faltaron quienes emprendieron un viaje a Luján para contemplar la imagen.